Los paradigmáticos Billy Wilder y Orson Welles

Dos artistas cuya obra cinematográfica se mantienene vigente

23-sep-2009 Alejandro Larrañaga Álvarez

Wilder y Welles construyeron tramas, temáticas, interpretaciones de la realidad y críticas que siguen tan al día como en el momento de su creación.

Las películas, como cualquier obra de arte, deben estar listas para el envejecer. Serán observadas por espectadores futuros desde otro punto de vista y en otras circunstancias distintas a las del momento de su creación. En la historia del cine existen casos de creadores como Billy WIlder u Orson Welles que han trascendido su época y se mantienen como referencias en la industria cinematográfica a través de sus obras, ya sea por el desarrollo de géneros cinematográficos o temáticas y planteamientos sociales o políticos.

Billy WIlder y Orson Welles

La genial comedia Uno, dos, tres (Billy Wilder, 1961) está ambientada en el Berlín de la posguerra (2a Guerra Mundial), una ciudad partida en dos. Una situación social e histórica muy específica, lo que no es impedimento para que se planteen y desarrollen los elementos que han definido al género de la comedia americana a lo largo de la historia (todavía joven) del cine, enredos y desenredos, planes imposibles y diálogos hilarantes.

Qué se podría decir de Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), seguramente la ópera prima más impactante de la historia. Una película que ha ido ganando fama y reconocimiento con el paso del tiempo hasta convertirse en una de las mejores películas de siempre. Pasó sin excesiva gloria ni de público ni de crítica el año de su estreno y comenzó una carrera de desencuentros del autor con la industria hollywoodiense. Películas recortadas o montajes finales fuera de su control fueron temas con los que tuvo que lidiar a lo largo de su impagable filmografía.

El crepúsculo de los dioses

“Es curiosa la amabilidad de la gente cuando estás muerto.”

Si alguien podía realizar una radiografía de la industria hollywoodiense es alguien que estaba metido en ella, como Billy Wilder. La productora que pagase la película no iba a estar conforme con una cinta que no dejaba en muy buen lugar a su industria. Es por ello que Wilder rodó a espaldas de la Metro Goldwin Mayer la película (tema complejo teniendo en cuenta que los estudios eran un bullicio de gente y de películas en marcha). La polémica no se hizo esperar cuando salió a la luz el resultado, pero la propia posición del cineasta permitió llegar a un punto en el que el film ya era público e imposible de ocultar.

El crepúsculo de los dioses (Sunset boulevard, 1950) trata sobre un guionista de segunda, William Holden, quien intenta salir adelante y superar sus deudas. Accidentalmente encuentra la destartalada (como su propietaria) casa de una antigua estrella del cine mudo, interpretada por una magnífica Gloria Swanson. La estrella del cine mudo intenta reverdecer viejos laureles en el cine sonoro, y para ello trabaja en un guión que la devolverá a su sitio. Es una situación patética que nos hace ver cómo se comporta la historia con aquellos que no han sabido (o no han podido) adaptarse a ella y a sus cambios.

El film comienza por el final, con el guionista muerto haciendo un monólogo desde la piscina en la que ha caído abatido. El clímax parece amputado, pero en realidad lo que se nos muestra no es la historia de un asesinato sino la de una estrella que vive en un pasado que ya no existe. La secuencia de su descenso por las escaleras, una vez que los personajes de la película descubren lo que nosotros sabemos desde el principio, es de una intensidad tal que en ella se resumen todas las críticas posibles al cine y a la sociedad americana.

Las reminiscencias a un suceso trágico de plena actualidad son obvias: Michael Jackson, artista superior hace tiempo, se enfrascó en un magno proyecto que lo devolvería al lugar que artísticamente le pertenecía antes de su misteriosa muerte (ese es otro tema). El circo que se ha montado en torno a las conmemoraciones de su muerte nos devuelve a la frase inicial: “Es curiosa la amabilidad de la gente cuando estás muerto.” Se puede maltratar hasta lo inmoral a estrellas que han dejado de serlo, y permitirles alcanzar cotas casi heróicas para convertirlos en modelos una vez han desaparecido.

El cuarto mandamiento

Orson Welles nos presenta en El cuarto mandamiento la decadencia de una familia aristocrática en el fin del siglo XIX en Nueva Orleans. Es, ante todo, una historia de amor entre Isabel Amberson y Eugene Morgan, un amor que no pudo ni podrá ser debido a los infortunios del destino.

A pesar de los habituales problemas de Welles (no es el responsable del montaje final, cortado 43 minutos, como en otras de sus obras, Sed de mal), la película ofrece lecciones magistrales de cine a través de la utilización de elementos típicamente cinematográficos, la diferenciación de iluminaciones para marcar los tiempos de la película, la música y el ritmo.

El anti-clímax final nos presenta al pobre niño grande George derrotado por la vida, la poderosa voz de Welles, ejerciendo de narrador en un plano trasero, se aleja y oscurece, así como el perdón final tras el reconocimiento de los errores cometidos, son un colofón muy poderoso. Pero Welles no se regodea ni pretende moralizar, por ello nunca muestra la cara del derrotado y descubrimos su perdón a través de una conversación en la que ni siquiera participa.

Los sacrificios de una madre por cumplir los caprichos de su malcriado hijo, los deseos de éste a costa de quien sea y, sobre todo, el tiempo que pone a cada uno en su lugar, son temáticas y planteamientos atemporales y universales de El cuarto mandamiento (The magnificent Ambersons, 1942), que han perdurado a lo largo de la historia del cine.

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el crepúsculo de los dioses, http://blogs.elcorreodigital.com/ el crepúsculo de los dioses
el cuarto mandamiento, filmaffinity.com/ el cuarto mandamiento
 
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